Busca/Encuentra

“Vaya, ¡qué mala pata!”. Podría ser una de las frases base, tipo, míticas que me diría alguien en mi situación. Os interese o no os voy a contar por qué:

Desde hace un tiempo he experimentado una nueva forma de vivir, una nueva rutina, un nuevo día a día. Ya no me levanto pegada al móvil esperando un “Buenos días”, ni tengo a nadie a quien preguntar “¿qué tal ha ido el día?”, ni nadie a quien dar las buenas noches al final del día. Ya no. Podréis pensar: “Yo tampoco, y no pasa nada”. Exacto. Justo ahí está la clave.

¿Qué sucede cuando no sucede nada? ¿Qué esperar cuando nunca esperas nada? La caótica vida en la que nos hayamos, e innumerables largometrajes americanos sobre chico conoce a chica al girar una esquina, al derramar un café, al chocar y tirar los papeles recién sacados de la impresora; nos generan falsas expectativas con las que afrontamos el día a día. Todos nos hemos levantado y al mirarnos al espejo con cara zombi nos hemos armado de valor y nos hemos dicho a nosotros mismos “Hoy te comes el mundo nena”. O qué decir sobre eso de leer el zodiaco semanal de relleno de cualquier publicación y hacerlo tuyo, con ilusión, señalando con el dedo y pensando “Joder, que fuerte, lo ha clavado”. Una pena que al leerlo al día siguiente te habla sobre tu trabajo en el extranjero y como mantener a tus hijos, y estas soltero y en casa de tus padres.

Que sí, que nos pasa a todos. Cuando estas cabizbajo, si tienes los suficientes arrestos como para autoreforzarte lo haces de manera alucinante, como si fueras un experto en coaching. Una lástima que a veces no baste con intentar ser narcisista. Porque no, no vas a salir a cenar con tus amigas y vas a ligar con el guapo de la mesa de al lado con el que llevas haciendo ojitos durante toda la sobremesa porque ¡oh sorpresa!, tiene novia. No, el tipo de la discoteca que te invitó a dos copas, te agregó a alguna red social, y poco más tarde te sugirió sutilmente que podrías acompañarlo al hotel no te va a llamar mañana. Lamento decirte que tampoco vas a tener nada más allá con el que coincides fumándote un cigarro en los descansos, por mucho que olvidéis accidentalmente el mechero a diario para tener excusa para demostrar cuánto se tarda en prender una mecha con viento de cara.

¿Sorprendido? Por favor, no me hagas reír. ¿De verdad te crees que alguien que busca algo más allá va a ver a su alma gemela en una mesa rodeado con sus colegas y va a dejar a su cita para pedirte el número?¿De verdad te crees que a alguien en una discoteca se acerca y se deja su sueldo en copas porque al verte ha pensado en lo interesante que eres?¿Crees enserio que si tuvierais un interés mas allá de un suministro de cigarros o mecheros en momentos puntuales no os daríais conversación?

Nos atraemos por leyes biológicas que son casi imposibles de entender, y muchas veces intentamos darle un sentido cuando no lo tiene. Si algo te gusta, generas un yo que sé que qué sé yo que hace que te intereses en ello. Lo que nunca está definido es la intensidad ni la duración de esa sensación. Justo ahí viene otro lio bastante importante: ¿cómo querer lo mismo y de la misma manera?

Por inercia siempre se piensa: tía ilusionada = tío capullo. Cuando digo siempre es siempre. Siempre se estipula, por no sé qué norma que lo rige, que la chica siempre se va a hacer un cuento en su cabeza, que se ve casada con vestido de purpurina y un final feliz; y el chico, mientras, sólo va a pensar en el cuerpo voluptuoso de su contraria. ¿Qué sucede que nunca pueden estar ambas personas en el mismo punto? ¿Nunca ambos pueden querer o buscar una relación? ¿No puede suceder que ninguno de los dos quiera nada serio y al día siguiente no vaya a estar comprando kleenex a granel por la pérdida sufrida?

Esta absurda memez me ha hecho reconfigurarme y valorar otro tipo de quehaceres. Ahora prefiero un “vamos a tomar algo” que conversaciones banales que no llegan a ningún punto porque ninguno de los dos cobardes que dialogan se atreve a hablar con claridad. Prefiero pensar que nadie piensa más allá, no sé si por el mero hecho de sentirme más perspicaz, o por no decepcionarme en demasía. Prefiero conversar y teorizar sobre qué piensa cada uno de los sexos, antes que vivirlo en primera persona. Bueno de eso no estoy muy segura…

Y si no tienes la cabeza suficientemente embotada, o si no estás lo bastante en desacuerdo como para recordar el principio, te preguntarás porqué la gente se compadece de mi. Cuando llega el momento en tu vida que no necesitas nada para ser feliz porque todos los que te rodean y tu día a día te completa y aún así sigues buscando la pieza que termine el engranaje y haga clic, tienes un problema. “Deja de buscar, porque todo lo bueno llega”. Comentario muy habitual. El problema es que yo no soy mucho de esperar.

 

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Curiosity (2014) Simple collage Vía:http://leastlittlething.tumblr.com/image/104851115208

 

 

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