Recuerda suspirar

Lo bonita que es la vida cuando pasa ante tus ojos, y te sientes espectador de una película que te suena familiar, que ya has visto, que has vivido. Qué bonito es poder ver sin mirar, mientras alguien te relata una historia y te sientes dentro de ella. Eterno narrador omnisciente. Qué bonito no tener nada que hacer, no traerte nada entre manos. Es bonito como desperdiciamos esas milésimas de segundo para llenarnos la cabeza de pájaros de ideas que vuelan alto hasta hacerse realidad. Qué bonito suspirar, y ver que en ese aliento se va un yo que sé que qué sé yo que sabes que no vuelve.

La fugacidad de un suspiro se mide en pellizcos. Una unidad de medida diferente, pero fácil de entender. No hace falta describirla ni explicarla, simplemente se siente. Contracción estomacal, diafragma elevado, vellos como escarpias. Los pellizcos de la vida.

Situaciones variopintas los generan, situaciones que ni mucho menos anticipas ni controlas. Una angustia, una espera, una llamada, una cena, una disputa, una pelea, una conversación certera, un dolor desorbitado, un llanto desconsolado, un domingo acompañado, un mírame y no me toques, un tócame si me has mirado. Perder el móvil, el ticket de tu copa o a tu amigo en la discoteca. Perder el tiempo, la visa o la cartera. Perderte en casa ajena, en un restaurante vacío, en una ciudad llena. Perderte en unas manos, en unos ojos, en un abrazo. Y después suspirar.

¿No es maravilloso la cantidad de cosas que suceden con un suspiro? Antes y después. Durante y mientras que. Cuando es voluntario quieres denotar tu cansancio, aburrimiento, que todo tu alrededor entienda y sepa de tus circunstancias de desolación. Llamar la atención. Compasión. Un algo alternativo que genere un cambio en el guión. Pero, ¿qué hay de aquellos suspiros como destellos? Esos de los que eres consciente mientras suceden, nunca antes. Esos que te ruboriza pensar que has suspirado, y más aún el por quién o qué lo has hecho. –“Tierra trágame y escúpeme en cualquier lugar fuera de aquí, que nadie pueda ver la cara de tonta que se me ha puesto”. Bendita vergüenza. Bendito pudor.

Déjà vu. Experiencias pasadas que recuerdas y que crees que están pasando. Angustia. Incredulidad. A veces pesadilla, a veces fantasía. Sentir que estas loco elevado a la máxima potencia. Y claro, suspiras, porque siempre pasa que suspiras. Porque los recuerdos son una complicada combinatoria de difícil resolución.

[( Experiencia x aprendizaje ) + √(añoranza) + nostalgia³ – ¾sentimientos ]

Y habrá quien se pregunte por qué los sentimientos restan. Fácil. Cuando no controlas sentimentalmente una circunstancia, los del corazón hacen jaque mate. Sí mi rey, estas muerto. KO. Game over.

Qué bonito suspirar recordando. Qué bonito recordar y suspirar. Qué bonito suspirar y ver qué está pasando. Qué bonito recordar y mirar lo actual. Qué bonito que te recuerde y suspire sin parar. Qué bonito suspirar y recordarte. Qué bonito ver que ya no estás. Qué bonito ya no recordarte. Qué bonito ya no suspirar por ti más. Qué bonita es mi soledad. Qué bonitos son mis libres recuerdos que inundan mi mente y me proyectan frente a frente. Qué bonito suspirarle al futuro y que el hielo congele el presente.

 

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Un retrato de Dorothea Barth Jorgensen en BLK DNM F / W13. Vía: http://balenciwanga.com/post/50938374412/blkdnm-a-portrait-of-dorothea-barth-jorgensen
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