¿Y si…?

Todo va genial. Ríes, sales, conoces a gente, hasta eres capaz de estudiar concentrada. Y lo ves. Una foto, un video, un cruce de miradas desde lejos en esa calle concurrida por donde siempre paseabais; te devuelve a la realidad. Adiós a esa falsa idea que tenías en tu cabeza de “yo ya le he olvidado”.

Es entonces cuando un algo extraño recorre desde la punta del pie hasta tu cabeza, haciendo parada y un nudo en el estómago. Te inundan los recuerdos. Los malos, esos que te encanta recrear una y otra vez; te colman de rabia y dolor, los mismos que te dan una palmadita en la espalda y te dicen: “hiciste lo correcto”. Y aunque creas que están guardados en la más oscura cámara acorazada, salen a la luz los buenos momentos. Y sonríes. Y te evades. Y te preguntas. ¿Y si…?

Pero, ¿por qué?. Tú, modelo ideal de coherencia. Tú, que siempre piensas, repiensas, vuelves a pensar y sólo entonces actúas. Tú, esa que tiene en cuenta todos los factores adversos, para controlar hasta el mínimo detalle de posibles daños colaterales. ¿De verdad dudas de lo que decidiste? ¿De verdad quieres que me crea que no estabas segura? Por favor, de verdad… Te propongo algo. Démosle otro sentido a la duda…

¿Y si empiezas a quererte más? ¿Y si valoras lo bueno que tienes en tu vida? ¿Y si dejas el masoquismo a un lado? ¿Y si dejas de hacer cortocircuitos entre tu cabeza y corazón? ¿Y si pasas de las redes sociales que te recuerdan que ahora todo el mundo es amigo y todos son fotógrafos? ¿Y si pasas de los comentarios dañinos? ¿Y si guardas todo en una caja y le das uso al trastero con polvo? ¿Y si luces con estilo la cornamenta que te corona? ¿Y si ves todo como una posibilidad?

No somos dueños de nada en el mundo más allá de nosotros. Somos responsables y culpables de todo aquello que nos mueve. Siempre se ha dicho la frase “has de quererte a ti mismo para poder querer a los demás”, y me costó mucho interiorizarla. Si aún es algo que no has asimilado, no lo intentes ahora, es algo que entenderás con el tiempo: si no buscas lo mejor para ti mismo, cómo puedes pretender dar lo máximo a los demás.

Prioriza. Sopesa. Valora. Reflexiona. Si necesitas llorar en cada paso, hazlo. Lo fundamental es que sepas qué es bueno para ti y qué te hace feliz. Él no lo era, al menos no para ti, no por ti. Recoge esa palmadita de tus malos momentos y pónla en modo repetir, que te aliente constantemente por la decisión que tomaste, la correcta, la definitiva. Escucha a Sabina. Él siempre tiene algo que decir. Siempre acierta. No olvides que “Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”. Si él lo dice, créeme, lleva razón.

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Vía: A feminine Tomboy http://peone.tumblr.com/post/64912155619
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